sábado, 12 de octubre de 2019

Amor Electro | Rosa Sangue [Official Video]







Ninguém te vai parar, perguntar...
Fazer saber... Porquê?
Vais ter de te oferecer,
E entender, o que fará viver?
Vê, não basta ir, voar, seguir,
O cerco ao fim,
Aperta, trai, morde, engana a sorte, cai,
Não lembra de ti...
É só o amor desfeito,
Rosa sangue ao peito,
Lágrima que deito,
Sem voltar atrás!
Cresce e contamina
Tolhe a luz à vida,
Que afinal ensina, quebra,
Dobra a dor e entrega amor sincero.
Honra tanto esmero, cala o desespero,
É simples, tudo o que é da vida herdou sentido,
Tem-te se for tido, sabe ser vivido,
Fala-te ao ouvido e nasces tu.
Ninguém te vai parar, perguntar.
Fazer saber... Porquê?
Por isso vê, não basta ir, voar, seguir,
O cerco ao fim,
Aperta, trai, morde, engana a sorte, cai,
Não lembra de ti
É só o amor desfeito,
Rosa sangue ao peito,
Lágrima que deito,
Sem voltar atrás!
Cresce e contamina
Tolhe a luz à vida,
Que afinal ensina, quebra,
Dobra a dor e entrega amor sincero.
Honra tanto esmero, cala o desespero,
É simples, tudo o que é da vida herdou sentido,
Tem-te se for tido, sabe ser vivido,
Fala-te ao ouvido e nasces tu...
Ninguém te vai parar, perguntar.
Fazer saber... Porquê?
Por isso vê, não basta ir, voar, seguir,
O cerco ao fim,
Aperta, trai, morde, engana a sorte, cai,
Não lembra de ti
É só o amor desfeito,
Rosa sangue ao peito,
Lágrima que deito,
Sem voltar atrás!
Cresce e contamina
Tolhe a luz à vida,
Que afinal ensina, quebra,
Dobra a dor e entrega amor sincero.
Honra tanto esmero, cala o desespero,
É simples, tudo o que é da vida herdou sentido,
Tem-te se for tido, sabe ser vivido,
Fala-te ao ouvido e nasces tu...

miércoles, 9 de octubre de 2019

No son las mujeres, es el poder

No son las mujeres, es el poder





La ausencia de liderazgo femenino en los espacios de toma de decisión con implicaciones globales ya no es aceptable en el siglo XXI. Aquí un repaso a la situación de desequilibrio de liderazgo global entre hombres y mujeres.
El poder ejecutivo mundial sigue siendo abrumadoramente masculino: según datos recientes de ONU Mujeres, solo 11 mujeres son jefas de estado y/o de gobierno de un total de 193 países, lo que representa un exiguo 5,6%, frente al casi 94% de hombres. Las cifras mejoran en los ámbitos del poder legislativo (con un 24,3 % de mujeres parlamentarias, según datos de febrero de este año) y en los cargos ministeriales, en los que, no obstante, las mujeres solo representan el 21% del total. Cifras muy alejadas aún de la paridad, y con algunos retrocesos en los últimos años, en los que ha disminuido el número de jefas de estado y/o de gobierno.
Los liderazgos de los gobiernos nacionales y de las instituciones internacionales (Naciones Unidas, Banco Mundial, OCDE, entre otros) siguen estando en manos de los hombres. Ellos debaten sobre los grandes retos mundiales y son quienes toman las decisiones sobre las respuestas y las medidas necesarias. El espacio público de debate, deliberación y toma de decisión a nivel global (en muy buena medida conformado por la suma de los representantes de los Estados nación clásicos) sigue contando con una muy escasa presencia y poder femeninos.
Esta “normalidad”, no obstante, ha empezado a ser cuestionada. El imperativo de lograr la igualdad de género en el ámbito político (más allá de la igualdad de derechos sancionada en los ordenamientos jurídicos) ha tomado consistencia en la conversación global, y el hecho de que las mujeres estén tan clamorosamente ausentes en las Cumbres mundiales -un espacio de toma de decisión con implicaciones globales-, no es ya aceptable en el siglo XXI. 
En este 2019 las dos Cumbres que, respectivamente, reúnen a las primeras veinte economías del mundo (la del G20, que tuvo lugar en Osaka en el mes de junio) y a los países más industrializados (el G7, cuya Cumbre se celebró en Biarritz en agosto) han ofrecido, de nuevo, elocuentes imágenes de la distribución del poder mundial entre hombres y mujeres. En esta ocasión, y por vez primera, esta realidad ha suscitado mayor número de críticas en los medios de comunicación y en las redes sociales. No obstante, los reproches han surgido, en realidad, de “la otra foto”, la que recoge el “programa paralelo de las esposas” de los mandatarios mundiales (los esposos de las mandatarias, que no acostumbran a abandonar sus respectivas carreras profesionales, raramente participan de este programa).
La novedad del rechazo al papel de las esposas en ambas cumbres mundiales (en actividades como alimentar a los peces o visitar un huerto) ha sido el cuestionamiento del rol que se atribuye a las mujeres, basado en arraigados estereotipos de género que las vinculan con la frivolidad, la pasividad, la debilidad, o la sumisión frente a la racionalidad, el dinamismo, las aptitudes intelectuales o la eficacia con la que los estereotipos identifican a los hombres. Sin duda, el programa paralelo (cuyas imágenes, difundidas en todo el mundo, tienen una enorme capacidad de proyección) no deja de ser una ejemplificación de la desigualdad de género, la otra cara de la moneda de la distribución del poder en el mundo. 
Osaka Hosts The G20 Summit – Day One
Fotografía de familia en la cumbre del G20 en Osaka, Japón. Kim Kyung-Hoon – Pool/Getty Images.
Así, en la reciente cumbre del G20 solo una mujer, la canciller alemana Angela Merkel, tiene su sitio en la mesa en un foro que suma a las dos terceras partes de la población mundial y a más del 85% de la riqueza global. La otra primera ministra, Theresa May, dejó de serlo tras su dimisión en julio mientras la tercera, Christine Lagarde, participó en su calidad de, entonces, directora del FMI. Ángela Merkel es, también, la única mujer entre los líderes del G7, que representa a las siete economías más industrializadas y suma el 64% de la riqueza mundial. 
Que las mujeres apenas participen de los debates relevantes representa no sólo un grave déficit democrático de nuestros sistemas de representación política de los que, en el caso de las jefaturas de gobierno, la mitad de la población está prácticamente ausente. También debilita la calidad misma del debate, privado de la visión de las mujeres, así como la eficacia de la toma de decisiones y de su aplicación, que siempre afecta al conjunto de nuestras sociedades. La perspectiva de género es, por eso, esencial en los grandes asuntos globales y en la legitimidad de las respuestas a los retos compartidos. 
Tanto el G20 (desde la Cumbre de Los Cabos, México en 2012) como el G7 (desde la presidencia de Canadá de 2018) se han comprometido con la igualdad de género como objetivo clave del progreso económico en la ecuación de crecimiento y como eje prioritario de sus trabajos, respectivamente. Paradójicamente, sus reuniones no solo continúan siendo un espejo que refleja fielmente la persistente desigualdad en el ámbito político, sino que además reproducen algunos de los roles de género más discriminatorios para las mujeres (destinadas a ser objeto decorativo, de sonrisa eterna y actividades frívolas, mientras los hombres se ocupan de los temas serios e importantes) y las encasillan en un papel subordinado, alejado de la toma de decisiones y en la periferia del poder. 
El camino hacia la igualdad de género en la UE
En el lado de los avances, la Unión Europea -para la que la paridad de sus instituciones aún era una tarea pendiente- ha elegido a una mujer, por primera vez en más de 60 años, como presidenta de la Comisión. Ursula Von der Leyen planteó, también por vez primera, el logro de una Comisión paritaria como un objetivo prioritario, y presentó inicialmente un colegio de comisarios compuesto por 13 mujeres y 14 hombres. Sin embargo, la proporción no será la definitiva. La rumana Rovana Plumb que iba a ocupar la cartera de Transporte ya ha sido vetada en la fase previa (junto al húngaro Laszlo Trocsanyi, como comisario de Ampliación). En el punto de mira están también dos mujeres (la francesa Sylvie Goulard, destinada a la cartera de Mercado Interior y la sueca Ylva Johansson para Interior) y un hombre, el polaco Janusz Wojciechowsky que sería comisario de Agricultura. 
Que entre los equilibrios europeos se haya considerado tradicionalmente el demográfico, el geográfico y el político, pero no el de género, era sin duda una anomalía y un fracaso de las instituciones europeas, en particular del Consejo (encargado de proponer los candidatos a Comisarios) y de la propia Comisión (el presidente Juncker solo logró que su Comisión no disminuyera el número de mujeres respecto a su predecesor, con un colegio de comisarios formado por 9 mujeres y 18 hombres). 
En la Declaración de Atenas de 1992, los Jefes de Estado y de Gobierno reconocían el déficit democrático de la UE sobre la base de la “profunda desigualdad en la toma de decisiones políticas de los poderes públicos”, y se comprometían a avanzar hacia una democracia paritaria que incorpore, de forma plena, a la mitad de la población que representan las mujeres. Han sido necesarios 20 años para que el equilibrio entre hombres y mujeres haya cobrado peso específico como elemento imprescindible de una de las instituciones clave del proyecto europeo. 
La mayor participación política de las mujeres contribuye a la adopción de mejores políticas (mejor definidas en términos de intereses y preocupaciones de las dos mitades de la población y, por tanto, más representativas), ayuda a transformar la cultura política, que tradicionalmente ha sido definida y liderada por los hombres, aumentando los referentes en el espacio público, y pone sobre la mesa nuevos temas y prioridades en la agenda política en un momento de cambio profundo y acelerado en nuestras sociedades y en el escenario internacional.
Adicionalmente, la UE debería repensar también el modo en el que el gender mainstreaming puede tener un verdadero impacto en la igualdad de género, tomando en consideración las interseccionalidades, y situando la igualdad de género como una prioridad del nuevo ciclo político que se iniciará el próximo 1 de noviembre. Sobre la base de un amplio consenso social en torno la necesidad de lograr la igualdad entre hombres y mujeres, según datos del Eurobarómetro, el 70% de los europeos es favorable a medidas legislativas para asegurar la paridad entre hombres y mujeres en la política, y un 39% se considera muy a favor. La UE puede y debe impulsar políticas europeas que garanticen avances y les impriman mayor celeridad.
No hay que olvidar la dimensión económica de la igualdad de género. Desaprovechar el talento de la mitad de la población impacta negativamente en el crecimiento económico y en la competitividad. Solo en nuestro espacio europeo, y según datos del Instituto Europeo para la Igualdad de Género (EGE) los avances en esta materia generarían hasta 10 millones y medio de empleos adicionales en 2050, la tasa de empleo alcanzaría casi el 80%, y el PIB per cápita de la UE podría crecer casi un 10% más en 2050. 
La UE ha dado un paso relevante, que marca una senda. Queda mucho camino por recorrer para impulsar liderazgos femeninos en la más alta responsabilidad del poder ejecutivo, lo que interpela directamente a los dirigentes masculinos, en particular a los de las economías más importantes del mundo, sobre su fracaso en impulsar medidas eficaces que garanticen un nuevo equilibrio del poder entre hombres y mujeres, en el que ni ellos ni ellas tengan un papel secundario en la esfera pública. Como señala Mary Beard, no son las mujeres las que han de cambiar, sino las estructuras de poder. 

sábado, 5 de octubre de 2019

Los últimos cinco días de Edgar Allan Poe

Los últimos cinco días de Edgar Allan Poe | Periodistas en Español





En octubre de 1849, con cuarenta años, el destino había decidido conceder a Edgar Allan Poe una última oportunidad. Un editor de Filadelfia estaba dispuesto a financiar el sueño de su vida: una revista literaria de cuya línea y contenidos sería responsable el escritor.
Poe Cuentos completos cubierta
Su trabajo como crítico había elevado a otras publicaciones (Graham’s Magazine, Evening Mirror, Broadway Journal) a unas cifras de venta desconocidas hasta entonces en el mundo del periodismo cultural. En una ocasión anterior su afición a la bebida había desbaratado la posibilidad de tener una revista propia. Esta era, pues, su última oportunidad.
Prematuramente envejecido, dañado su organismo por el alcohol y el opio y su espíritu por la muerte de su esposa, de la que estaba profundamente enamorado, consciente de que era la última oportunidad para librarse de la miseria que le había perseguido toda la vida, Poe viajó a Baltimore para aceptar la oferta. Allí tenía que tomar a Filadelfia un tren que salía horas más tarde.
Nunca llegó a embarcarse en ese tren. Cinco días después uno de sus editores lo encontró en una taberna miserable, rodeado de borrachos y en un estado desastroso, totalmente ebrio, prácticamente inconsciente y vestido con ropas harapientas llenas de vómitos y suciedad. Poco después, el 7 de octubre de 1849, moría en un hospital de la ciudad.
Desde ese momento la leyenda se mezcló con la realidad para alimentar una biografía fabulosa que el mismo Poe hubiera firmado, aficionado como era a inventarse aventuras, viajes y peripecias fantasiosas. Esos cinco días, de los que Poe pudo llegar a decir que no recordaba absolutamente nada, dispararon las especulaciones de sus contemporáneos, sobre todo de aquellos escritores que se habían visto perjudicados por sus críticas, que llegaron a elaborar las más disparatadas elucubraciones sobre su itinerario en ese tiempo (como el obituario que escribió su enemigo literario y albacea Rufus Griswold en el New York Tribune).
La realidad parece haber sido más prosaica. En aquellos días se celebraban elecciones. Militantes de algunos partidos políticos utilizaban a los borrachos de las tabernas para llevarlos a las urnas a votar por sus representantes a cambio de asegurarles bebida para varios días. Poe debía encontrarse en una de esas tabernas mientras esperaba el tren a Filadelfia. Todo parece indicar que fue víctima de uno de estos enredos.
Edgar Allan Poe no había tenido una vida fácil. Huérfano desde los tres años, pasó a ser el protegido del matrimonio Allan (del que tomó su apellido), que nunca llegó a adoptarlo legalmente, pese a la voluntad de la señora Allan en ese sentido. Esta negativa provocó continuos enfrentamientos con su protector que terminaron con el abandono de su hogar y su refugio en casa de unos parientes, su tía María Clemm, quien lo acompañará y protegerá hasta su muerte, y su prima Virginia, con quien acabó casándose a los veinticinco años cuando ella tenía sólo trece.
Asediado por el hambre y la miseria decidió seguir una carrera militar en West Point. De aquellos días sólo va a conservar el recuerdo de sus camaradas, que financiaron la publicación de uno de sus libros de poemas, y la capa del uniforme de cadete que lo acompañó toda su vida: la misma que sirvió como cobertor en la cama de la moribunda Virginia y con la que recorrió el camino hasta el cementerio durante el entierro.
Su vida transcurrió entre continuos cambios de ciudad y de domicilio, siempre con Mrs. Clemm y con Virginia, entre el vértigo de montaña rusa que suponían sus cortos periodos de sobriedad y las borracheras más espantosas, preso de un alcoholismo al parecer heredado, que dañaba su organismo, aún consumiendo pequeñas dosis.
Conoció el éxito y la fama, primero como crítico y luego como escritor, y las salas se llenaban para escucharlo recitar su poema El cuervo, todo un espectáculo, según testimonios respetables. Pese a todo, la fortuna le fue siempre adversa y la miseria lo persiguió toda la vida.
A la muerte de Virginia intentó rescatar su pasado a través de las mujeres de su adolescencia y juventud. Su fracaso lo sumió nuevamente en el alcohol. Siguió escribiendo y publicando con desigual fortuna hasta que la oportunidad de volver a la crítica literaria desde la dirección de una revista despertó nuevamente sus esperanzas.

La obra de un precursor

Poe Vida truncada cubierta
El adolescente Edgar Allan Poe quería ser poeta y, siempre con la oposición de su protector, escribía a escondidas versos influídos por las lecturas de Walter Scott y Lord Byron. En la universidad destacó por su inteligencia y creatividad, aunque, asediado por deudas de juego que su protector siempre se negó a pagar. Tuvo que abandonar los estudios y seguir una carrera literaria independiente, sin apoyos ni financiación.
Fuera ya de su familia de adopción publicó “Tamerlán y otros poemas” (1827) y “Al Aaraaf” (1829), sin ningún éxito. La pobreza lo empujó a escribir cuentos, un género mejor aceptado por los lectores. Descubrió entonces que tenía un estilo muy personal al que había trasladado su vena poética y su obsesión por los temas macabros y angustiosos: la muerte, los cementerios, los cadáveres enterrados en vida, el terror…
Sus cuentos triunfaban y se vendían y su fama empezaba a crecer. El premio a “El escarabajo de oro”, una de las obras maestras universales de la narrativa corta, lo encumbró en un éxito que se prolongó con su poema El cuervo, una conquista que saciaba su ansia de triunfar con la poesía, un género que le había deparado grandes frustraciones.
Entre sus cuentos hay que distinguir los macabros y necrofílicos (El gato negroEl tonel de amontilladoEl entierro prematuro) de los ‘analíticos’, aquellos en los que trata de introducir otros valores literarios (El cuento mil y dos de ScherezadeEl camelo del globoEl rey peste. Relato en el que hay una alegoría). Además de una novela frustrada, Poe siguió escribiendo poesía (“Eureka”, 1848), relatos policíacos (“La trilogía Dupin”), cuentos de ciencia- ficción y de terror, género este último en el que consiguió trasladar al lector sensaciones estremecedoras (véase La caída de la casa Usher) y la creación del género gótico, tan en boga en la actualidad.
A 170 años de su muerte, Edgar Allan Poe sigue siendo uno de los escritores más leídos y sus obras son con frecuencia adaptadas al cine y la televisión. En España, Edhasa ha publicado sus “Cuentos completos”, traducidos por Julio Cortázar (hay también edición en dos tomos de Galaxia-Gutenberg: “Todos los cuentos”, I y II) y su biografía más fidedigna (“Poe. Una vida truncada”, de Peter Ackroyd), que añade nuevas investigaciones a las ya clásicas de Julio Cortázar, Hervey Allen y Arthur Hobson Quinn, que se leen, todas ellas, como si fuesen novelas fascinantes.

miércoles, 19 de junio de 2019

Películas, libros y series para el verano 2019

Películas, libros y series para el verano 2019





Brexit: The Uncivil War
Toby Haynes, 2019
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Una bandera y un cartel en un evento a favor del Brexit en Londres. DANIEL LEAL-OLIVAS/AFP/Getty Images
Son muchos los análisis sociológicos y políticos que se han leído desde 2016 a cerca de los factores que propiciaron la victoria del Leave en el referéndum sobre el Brexit. Las principales causasseñaladas: disparidades económicas, sociológicas y regionales, nostalgia imperial y xenofobia. Sin olvidarnos del papel de unas élites que han demostrado unas limitaciones considerables y un desempeño muy por debajo del nivel requerido para gobernar una de las naciones más importantes del planeta. Pero si hubiera que destacar una dimensión de análisis en todo el proceso del Brexit, ésta bien podría ser la sinergia perversa entre filibusterismo político, desinformación y mentiras –consustanciales, en distintos grados, a toda campaña política– con la capacidad técnica que han aportado los algoritmos y las redes sociales para aumentar su radioactividad social y política. Y es en este aspecto del Brexit en el que se centra el telefilm The Unicivil War, protagonizado por el actor británico Benedict Cumberbatch. Se muestra todo el proceso de análisis de redes y perfilado de votantes, así como el de producción y diseminación de falsedades desde el punto de vista de la campaña del Leave. Se muestran, sobre todo, las cloacas tecnológicas, aunque se incluyen referencias a las dinámicas visibles del, cada vez más grotesco, teatrino della politica: el papel, jugado, por ejemplo, por personajes como Michael Gove o Boris Johnson (estrella ascendente en la lucha por el futuro liderazgo tory). La decisión tomada por una (precaria) mayoría de votantes en aquel referéndum ha sido definida de muchas maneras: entre otras, como de tiro en el pie del pueblo británico. Dando esa imagen por buena, y siguiendo con las metáforas balísticas, podríamos decir que la campaña política y tecnológica que la alentó, y de la que se ocupa The Uncivil War, supuso un disparo en la línea de flotación de la propia democracia.

La democracia es un tranvía
Península, 2019
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Un tranvía en el distrito de Kadykoy, Estambul, Turquía. BULENT KILIC/AFP/Getty Images
El título de este libro se basa en una frase atribuida al Presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, en los inicios de su carrera política: “La democracia es un tranvía: cuando llegas a tu parada te bajas”. La evolución política de Turquía se ha convertido en una de las grandes decepciones para aquellos que confiaban en la prometedora capacidad del islamismo político para ofrecer un régimen democrático moderno. Uno de los principales responsables de esta decepción es su líder Erdoğan –primer ministro desde 2003 y presidente desde 2014–, el político que, según los autores, más poder ha logrado acumular desde Mustafá Kemal Atatürk, padre fundador de la República de Turquía en 1923. Un líder que, según Mourenza y Topper, polariza opiniones dentro del país: media Turquía lo odia y la otra media lo adora “sincera y fervientemente”. El libro está dedicado a contar la biografía personal y política de Erdogan, desde su nacimiento en un barrio de aluvión de la capital hasta su última victoria electoral. En paralelo, los periodistas –afincados desde hace años en Estambul– van explicando la reciente historia del país, indispensable para entender la significación de su líder, y las causas que han conducido a Turquía hasta el momento político actual (incluida la perversa relación de atracción y rechazo con la Unión Europea). Turquía, como tan bien describen los autores, es un país complejo, con un Ejército que acumula un inmenso poder en la sombra, varias facciones del islamismo compartiendo y enfrentándose por el poder –el caso de los gulenistas–, una guerrilla kurda aún activa y una minoritaria pero influyente intelligentsia progresista. Combinando una ágil narración histórica con páginas de reportaje, los autores logran un doble retrato: el de la sociedad turca y el de su líder desde hace más de 15 años. El libro se cierra con las elecciones de 2018, en las que Erdogan fue nombrado –de facto– “Imperator” del país. Los autores reconocen que la frase del Presidente turco sobre el tranvía y la democracia tal vez sea apócrifa, pero también dicen que con el paso del tiempo ha ido convirtiéndose casi en profética: y la parada en la que Erdogan, y con él Turquía, podrían finalmente apearse parece hoy más cercana que nunca.
Adenda: sobre los kurdos turcos –y también sobre los sirios, iraquíes e iraníes– acaban de publicar los periodistas David Meseguer y Karlos Zurutuza el libro Respirando fuego (Península, 2019), muy útil para entender la historia y la situación actual de uno de los pueblos –sin Estado– más relevantes para entender Oriente Medio.

Baron Noir
Dos temporadas
recomendaciones_Francia

Bandera en el Palacio del Elíseo, París, Francia. STEPHANE DE SAKUTIN/AFP/Getty Images
Aunque la primera temporada de esta serie política francesa se estrenó en 2016, no se ha internacionalizado hasta el año pasado cuando, tras la emisión de su segunda temporada, pasó a estar disponible en plataformas de digitales de varios países, incluida España. Se centra en la trayectoria política –y judicial– de Philippe Rickwaert, alcalde de Dunkerke, y uno de los barones regionales con más peso dentro del partido socialista francés. Sus tejemanejes políticos locales pronto amplían su esfera y le vemos convertido en pieza clave de la política nacional. Con el transcurso de los episodios, asistimos a campañas electorales, procesos judiciales de corrupción y cruentas guerras intrapartidistas. La serie gustará a quienes hayan disfrutado con House of Cards o Borgen, con el añadido de que Baron Noir amplía el foco, y aborda también el modo de hacer política en las regiones más alejadas del centro de poder de las capitales: una política a pie de urna, basada en transacciones dudosas (con sindicatos, con minorías, etcétera), y en ocasiones al límite de lo ético y lo legal. Una política que, con sus luces y sus muchas sombras, resulta clave para alcanzar y mantener el poder del Elíseo. Rickwaert representa algunos rasgos políticos más nobles –a su modo, se mantiene fiel a unos ideales de progreso social– pero para conseguir su realización se sirve de todo tipo de maniobras innobles. Ya ha comenzado el rodaje de la tercera temporada de la serie.

El valor de las cosas. Quién produce y quién gana en la economía global
Mariana Mazzucato
Taurus, 2019
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El reflejo de un indicador de acciones en Tokio, Japón. TOSHIFUMI KITAMURA/AFP/Getty Images
En El Estado emprendedor(2013), el libro que la dio a conocer al público internacional, la economista de origen italiano Mariana Mazzucato se ocupaba de desmontar el mito de los empresarios y las grandes empresas como generadoras de un valor que sólo el libre mercado –y el talento de los empresarios– puede ofrecer a la sociedad. Tecnología sin la que no podríamos entender el mundo presente –Internet, el GPS, las pantallas táctiles, etcétera– se basan, recordaba la autora, en los adelantos logrados en laboratorios públicos y gracias las sinergias de sistemas de investigación estatales, más tarde explotados –y perfeccionados– por las empresas privadas. En El valor de las cosas su objeto de estudio deriva de aquella primera obra pero supone una reflexión más transversal acerca de uno de los fundamentos esenciales de la Economía: ¿qué crea valor y cómo se genera valor en la economía actual? ¿Confiando únicamente en los dictados de los mercados, nos está pasando como al cínico, que según Oscar Wilde, es aquel que conoce el precio de todo pero el valor de nada? Mazzucato se propone desmitificar el relato predominante actual en la economía que controla los resortes del poder. Un relato basado, señala, en una teoría subjetiva del valor, con un mercado (idealizado) que, eliminados los obstáculos pertinentes y dejando actuar incontroladas la oferta y la demanda, será capaz de generar beneficios para todos. Corolario político: el Estado ha de ser lo más pequeño posible porque su interferencia en la economía, sólo implicará una alteración de la mano invisibledel Mercado (con mayúsculas). La reflexión que propone Mazzucato ha tenido una concreción reciente en Nueva Zelanda, con su decisión de incluir en su cálculo del desarrollo otros aspectos más allá de las macromagnitudes económicas habituales: como la identidad cultural, el medio ambiente o el acceso a la vivienda.

La corresponsal
Matthew Heineman, 2019
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Un periodista turco protesta contra la muerte de los periodistas Remi Ochlik y Marie Colvin en Ankara. ADEM ALTAN/AFP/Getty Images
Nacida en Estados Unidos, la periodista Marie Colvin desarrolló la práctica totalidad de su carrera en el diario londinense The Sunday Times, para el que cubrió desde 1985 diversos conflictos en todo el planeta, principalmente en Oriente Medio, aunque también trabajó en otras zonas como África occidental, el Cáucaso o Asia. Sería precisamente en Sri Lanka, durante la guerra civil, cuando perdería un ojo en 1999. Su decisión de ponerse un parche negro para cubrirlo la convirtió en una de las periodistas de guerra más reconocibles para el público anglosajón. Tras la cobertura de las primaveras árabes, incluida la guerra en Libia, Colvin decidió a comienzos de 2012 que era la hora de enfrentar el reto de entrar en Siria para cubrir la guerra civil (e internacional) que estaba desangrando al país. Sus crónicas describiendo los ataques aéreos indiscriminados de tropas de Bachar al Assad contra la población civil del barrio de Baba Amr, en la ciudad de Homs, aparecieron en los principales canales de televisión ingleses y estadounidenses. Según un ex agente de inteligencia siria, la gran repercusión de esas informaciones motivó que el propio Al Assad diese la orden de bombardear la casa en el que Colvin, y otros periodistas pasaban la noche. Murieron Colvin y un periodista francés, y varios sirios que les ayudaban en la cobertura sufrieron heridas graves. En La coresponsal, la vida de Colvin –interpretada por la actriz Rosamund Pike– desfila en la pantalla mostrándonos sus momentos de plenitud personal y profesional, y sus momentos más oscuros, acorralada por el estrés postraumático y su adicción al alcohol. Un retrato bastante completo de una buena periodista. El visionado de la película puede completarse con el documental, emitido por la BBC hace unas semanas, centrado en los 10 días que Colvin pasó en Siria antes de su muerte.

Mundo Orwell. Manual de supervivencia para un mundo hiperconectado
Ángel Gómez de Ágreda
Ariel, 2019
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Una mujer utiliza un móvil junto a su portátil en Costa de Marfil. ISSOUF SANOGO/AFP/Getty Images
El autor se sirve de la obra 1984 de Georges Orwell para explicar los desafíos que enfrentamos como sociedad e individuos debido a la progresiva interconexión digital de la vida privada, social, económica y política. Usando las denominaciones dadas por Orwell a los diferentes ministerios de su distopía totalitaria –este año se cumplen 70 años de su publicación–, Ángel Gómez de Ágreda aborda los retos para la información, el ocio, la libertad, la paz mundial, la calidad de vida y la educación. El cambio de paradigma que ha supuesto Internet en todas esas dimensiones es ya constatable y, como advierte el autor, sirviéndose de una rica variedad de fuentes de información, es un proceso que, en muchos casos, apenas está en sus primeros capítulos. En el horizonte a medio plazo, por citar sólo algunos de los numerosos desafíos analizados por Gómez de Ágreda, se entrevé ya una automatización de millones de puestos de trabajo; la capacidad de actores no estatales para provocar graves disrupciones en el funcionamiento del Estado (caso reciente del ayuntamiento de Baltimore); y una inteligencia artificial que, cuanto más se perfecciona, más preocupación despierta en las esferas de la privacidad, la identidad o los sesgos de género y sociales. El libro es una obra de lectura amena que aborda casi todos los asuntos relacionados con este nuevo mundo interconectado y en mutación. Como todo buen manual de supervivencia, incluye al final de cada capítulo una serie de recomendaciones para gestionar los cambios y los riesgos. La inmensa mayoría de las instrucciones están, sin embargo, dirigidas a las personas individuales, incluso en el capítulo dedicado  la ciberdefensa (campo en el que Gómez de Ágreda ha trabajado tanto a escala nacional como de la OTAN). La obra habría ganado mucho en utilidad si, junto a esas –razonables– instrucciones destinadas a los lectores, hubiese también planteado medidas posibles a nivel colectivo. Como recuerda Evgeny Morozov, lo tecnológico es también –y cada vez más– un asunto político, y como tal debería abordarse, más allá de las medidas que cada uno debamos tomar en nuestra relación con la Red.

Intisar en el exilio
Pedro Riera, Sagar
Astiberri, 2019
recomendaciones_Yemen

Una mujer yemení en una exposición de arte en contra de la guerra en Yemen. MOHAMMED HUWAIS/AFP/Getty Images
En su anterior novela gráfica, El coche de Intisar (2011), Pedro Riera nos contaba la vida de la joven enfermera Intisar en Saná, la capital de Yemen. Inspirándose en las historias de mujeres que conoció durante su estancia en el país, Riera componía el retrato de una joven de valores modernos enfrentada en su vida diaria a las restricciones sociales que segregan a las mujeres a un papel secundario dentro de la sociedad yemení. En Intisar en el exilio, nos encontramos a la protagonista en Jordania debido al aumento del radicalismo religioso, las guerras tribales y los ataques de aéreos de Arabia Saudí que terminan de llevar la guerra civil a otro nivel en Yemen. A diferencia del primer álbum que era en blanco y negro (dibujado por Nacho Casanova), este segundo (obra de Sagar) usa el color para reforzar el estado anímico y ambiental de la historia, predominando los tonos anaranjados y violetas. La narración de la historia desde el punto de vista de Intisar alterna las imágenes sobre la guerra –que le llegan a través de las noticias y de los testimonios de familiares y amigos–, con sus reflexiones personales sobre la vida que dejó atrás en su país y sobre la que lleva actualmente en Jordania. Al igual que su anterior obra, para componer este retrato de Intisar, Riera se ha basado en testimonios de diversas mujeres que conoció tanto en su estancia en Yemen como en su viaje a Jordania para conocer la situación de las exiliadas.

Un día más con vida
Raúl de la Fuente y Damian Nenow, 2018
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Edificio en la ciudad de Huambo que aún conserva los daños de la guerra en Angola. ALEXANDER JOE/AFP/Getty Images
Angola, 1975. Su capital, Luanda, está siendo abandonada por miles de colonos portugueses. En el país africano se libra una guerra entre el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), por una parte, y las fuerzas Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA) y de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), apoyadas por la CIA con la intermediación de las tropas suráfricanas, que terminarán invadiendo el país. El conflicto en Vietnam ha terminado pero la Guerra Fría continúa. El reportero polaco Ryszard Kapuscinski está cubriéndolo para la Agencia de Noticias Polaca (PAP), con base en el hotel Tívoli luandés. Las informaciones que llegan del frente sur son confusas, así que el periodista se propone viajar hasta allí para comprobar sobre el terreno qué está sucediendo, y de paso conocer al general Farrusco, un ex militar portugués que se ha convertido en líder del MPLA. Kapuscinski contaría aquellas semanas pasadas en Angola en su libro más personal –de título homónimo al de esta película–, y según algunas personas que le conocieron, su preferido de entre toda su obra. Aquella experiencia le obligaría a cuestionarse algunos principios de la profesión: como cuando no hizo pública la primicia mundial de que Cuba estaba a punto de enviar tropas al país africano, en apoyo del MLPA (el biógrafo del reportero afirma, entre otras cosas, que llegó a usar un arma). El directorespañol Raúl de la Fuente y el animador polaco Damian Nenow se basan en el libro de Kapuscinski, combinando la animación con escenas de archivo y  entrevistas recientes a algunos de los personajes que aparecen en el libro, incluido el general Farrusco. El resultado es una película entretenida sobre la información, el compromiso político y las derrotas ideológicas de la Guerra Fría. El conflicto angoleño duraría hasta 2002.

La capital
Robert Menasse
Seix Barral, 2018
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Una calle de Bruselas, Bélgica. eon Neal/Getty Images
La vida de los euroburócratas de Bruselas no parece, a priori, un tema demasiado estimulante para dedicarle una novela. Pero el escritor austriaco Robert Menasse se ha atrevido, con relativa solvencia, a escribir un libro con cinco historias entrelazadas que logran mostrar muchos de los aspectos de la capital europea, incluido el funcionamiento de su entramado institucional, que conocemos gracias a las venturas y desventuras de algunos de sus protagonistas, euroburócratas como Martin Susman o Fenia Xenopoulou. En las páginas de la novela aparece un ex monje polaco convertido en asesino a sueldo; comprobamos el poder del lobby europeo porcino –la novela comienza con la imagen de un cerdo corriendo suelto por las calles de la capital–; hay periodistas; un comisario local que investiga un asesinato… Menasse, que vivió cuatro años en Bruselas, ha declarado que “quería contar cómo son las personas que trabajan allí. Hay de todo, desde los muy comprometidos hasta los cínicos y arribistas, pasando por los depresivos”. Su objetivo principal era ofrecer rostros visibles a esa abstracción que representa Bruselas para muchos. Aunque no exenta de críticas sobre el funcionamiento de las cosas, la novela podría calificarse de europeísta. Plantea al lector interesantes preguntas sobre el significado del proyecto europeo, el único, destaca Menasse, en el que los “funcionarios europeos son los primeros en la historia de la burocracia que no prestan juramento a un Estado ni a un gobernante, sino a una idea”.

Los osos que bailan. Historias reales de gente que añora vivir bajo la tiranía
Witold Szabłowski
Capitan Swing, 2019
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Un oso baila para una atracción turística en el centro de San Petesburgo, Rusia. AFP PHOTO / INTERPRESS
El periodista polaco Witold Szabłowski reúne en este libro crónicas sobre diversos países de la órbita exsoviética para mostrarnos cómo viven sus ciudadanos tras las caídas de las dictaduras. La primera parte del libro está dedicada a un programa de rescate de osos usados por los gitanos búlgaros para ganarse la vida haciéndoles bailar. Siguiendo a los distintos actores de este programa –gitanos, autoridades búlgaras, una ONG austriaca– Szabłowski logra ofrecer una alegoría sobre el cautiverio y la libertad rica en matices. En la segunda parte de la obra, las crónicas –más breves– nos llevan, entre otros destinos, a la Albania post Enver Hoxa y a la frontera entre Polonia y Ucrania transitada por contrabandistas de todo tipo de bienes. Visitamos el museo de Stalin en Georgia y recorremos un Kosovo estancado en un limbo legal. También aterrizamos en la Atenas de 2010, con las calles llenas de manifestantes y las negociaciones sobre las condiciones impuestas por la UE en el centro del debate. Incluso viajamos fuera de Europa para conocer la Cuba en los días finales de Fidel Castro, donde el periodista polaco hace de improvisado taxista, recopilando las historias de sus clientes, en una versión periodística y caribeña de la película Noche en la tierra, de Jim Jarmusch. El libro logra con creces compensar esa visión prejuiciada que, según explica Álvaro Corazón Rural en su prólogo, suele tenerse en la Europa occidental sobre la vida en los países comunistas durante las dictaduras a tenor de la ideología del comentarista: bien una especie de paraíso en la tierra, bien un absoluto infierno. Szabłowski juega, además, en las grandes ligas de otros periodistas polacos como Wojciech Jagielski, Jacek Hugo-Bader o el propio Kapuscinski.