comentarios de los libros perdidos y de sus rincones encantados donde se crian sin pausa, y perviven como criaturas intachables libres de la mezquindad y sus puercos dedos
El grumete que desertó y pudo contar la vuelta al mundo
Tres investigadores rescatan y traducen al español la declaración del marino Martín de Ayamonte, que aporta nuevos datos sobre el viaje de Magallanes y Elcano
Hasta ahora la Relación del primer viaje alrededor del mundo,del italiano Antonio Pigafetta, era la principal fuente informativa de la hazaña protagonizada por Juan Sebastián Elcano y 17 marineros más, de los 247 que partieron de Sevilla el 10 de agosto de 1519. Pero el redescubrimiento en el Archivo Nacional Torre do Tombo, en Lisboa, de la declaración del grumete de la nao Victoria, la que capitaneaba Juan Sebastián Elcano, ofrece nuevos y sorprendentes detalles sobre la gesta. El joven Martín de Ayamonte, que fue apresado e interrogado por los portugueses cuando se escondía en la isla de Timor tras desertar de la nave, desvela en su declaración la fortaleza de carácter de Elcano, las tácticas de los nativos para matar a los españoles o la procedencia exacta de algunos de los tripulantes. “Es un documento indispensable para entender la hazaña y es incomprensible que haya pasado desaparecido en la historiografía”, explica a EL PAÍS Tomás Mazón, uno de los tres expertos que han hallado y traducido al castellano el documento.
El 5 de febrero de 1522, el joven Martin de Ayamonte y el soldado Bartolomé Saldaña abandonaron “sin ser sentidos” la Victoria en la isla de Timor, donde la nave estaba fondeada. Desertaron porque temían morir en el intento de dar la vuelta al mundo. Se escondieron en la selva esperando la oportunidad de regresar a las Molucas, donde estaba siendo reparada otra de las naves de la expedición, la Trinidad. Ayamonte quería reunirse con un familiar que viajaba en esta nao y que iba a volver a España, no por el oeste como la Victoria, sino por el este, hacia México.
Pero, siempre según el relato del grumete, al poco tiempo fueron descubiertos por un navío portugués y trasladados a la fortaleza de Malaca (actual Malasia), donde el marinero fue interrogado el 1 de junio de 1522 y donde un escribano tomó nota de su declaración. Este documento, que terminó en Lisboa, fue hallado por el historiador António Baiao en 1933 y traducido al portugués moderno. Pero los historiadores españoles desconocían por completo su existencia hasta que Mazón, que es director de la web rutaelcano.com, lo localizó en el Archivo Nacional Torre do Pombo, en Lisboa. El experto avisó de su hallazgo a los responsables del Archivo General de Indias (Sevilla), que lo han traducido por primera vez al castellano de la mano del archivero Braulio Vázquez Campos y de Cristóbal Bernal Chacón, experto en paleografía.
La declaración de Ayamonte contiene “un relato de la expedición de suma importancia por venir de uno de sus tripulantes, y por la cantidad y calidad de la información aportada”, explica Mazón. “La historia de la expedición no podrá ser contada ya sin tener presente este documento, en el que, por ejemplo, por vez primera conocemos que Juan Sebastián de Elcano hizo prevalecer su criterio para la elección del camino de vuelta frente a la postura de sus principales oficiales”,
Según confesó Ayamonte, la tripulación de la Victoria deseaba volver a España bordeando los territorios portugueses del Pacífico, pero Elcano se negó alegando que podían ser apresados y que los monzones no les serían propicios. Impuso su criterio con determinación. “Frente a la opinión general, se alejó de las costas porque entendió perfectamente el ciclo de los monzones, lo que permitió que diese la vuelta al mundo”.
El relato del grumete desvela, además, cómo en la batalla de Mactán, donde murió Fernando de Magallanes, los indígenas colocaron trampas con estacas para ensartar a los españoles. Igualmente, señala el lugar de procedencia de algunos tripulantes, como el capitán de la nao Santiago, Juan Serrano, que era extremeño, de Fregenal de la Sierra, o Juan de Cartagena, del que confirma que era burgalés.
“No sabemos qué pasó con el grumete”, explica Mazón. Solo se conocen las últimas palabras que han quedado registradas de él a preguntas del capitán portugués que lo interrogó, Jorge de Albuquerque: "Y la nao [Victoria], cuando partió de Timor [sin él ni Saldaña], daba a la bomba doce veces de día y doce veces de noche, y el maestre y el piloto, que eran griegos, quisieron venir por Malaca [territorio portugués], y el capitán [Elcano], que era vizcaíno [en realidad era guipuzcoano, nacido en Getaria], no quiso, y su intención de ellos era ir a las islas de Maldivas para corregir [arreglar] su nao, y de allí irían su camino para esas partes [España]. Y más no dice”.
La librería Al Kitab (Túnez) nació gracias a la primera mujer librera del mundo árabe
por sfqu en 4 noviembre, 2019
Librería Al Kitab. Fotografía: SFQ. Túnez, 2019
Referencia ineludible para los lectores tunecinos pero también para aquellos que están de paso por la capital de este país del Magreb. La librería Al Kitab, fundada en 1967 por una mujer, Lilia Tej Kabadou, quien está considerada como la primera mujer librera en el mundo árabe, es contemplada por muchos como un oasis de cultura o un monumento a las letras, “auténtico signo de resistencia y de libertad” (*).
La historia de Al Kitab nos habla de unos inicios en los que tuvieron que enfrentarse a los monopolios editoriales de la importación de libros o, después, a las mordazas dictatoriales. La hija de Kabadou, Selma, continuó en 1988 su labor haciendo de la librería un lugar emblemático, transcendiendo lo que es un mero sitio en el que comprar títulos para llegar a ser un espacio en el que intercambiar opiniones y poder respirar a través de los libros. Hasta que en 2004 abrieron otro punto de venta en La Marsa y cinco años después lanzaron su portal en internet.
Hoy, dentro, se agolpan los volúmenes de narrativa, arte, ensayo, cómic o pensamiento. Tanto en árabe como en francés, pero también en inglés. El segundo piso al que se accede por una estrecha escalera, que asciende pegada a una pared tapizada de arriba abajo por libros, recoge las obras infantiles y juveniles y artículos de papelería.
La sección de literatura tunecina está llena de títulos. Uno de los empleados nos recomienda los más leídos y los más apreciados por la crítica.
Selección libros en Al Kitab. Fotografía: SFQ. Túnez, 2019
Desde la novela histórica con Jugurtha de Rafic Darragi (Nirvana), pasando por las ficciones de Les lendemains d’hiero la premiada Le paradis des femmes, ambas de Ali Bécheur (Elyzad), el texto lleno de referencias literarias, artísticas y cinéfilas de Le bandit del periodista Taoufik Ben Brik o la autobiográfica Lella Kmar .
Tras pagar, los libros se introducen en bolsas con el nombre de la librería y el logo 7j/7 que identifica a aquellos comercios, que como Al Kitab, abren los 7 días de la semana. Es viernes y al anochecer, comprobamos que la librería ofrece, además, a pie de calle, un concierto de música en directo.
Muy cerca de esta famosa librería se encuentra otra también digna de ser conocida. Se trata de Clairefontaine. Allí preguntamos por la novela The Italian de Shukri al-Mabkhout quien logró en 2015 el IPAF (Booker árabe). La misma, escrita en origen en árabe, no ha sido traducida a francés, sí a inglés aunque no tienen ningún ejemplar disponible en ese momento.
A los títulos adquiridos en Al Kitab, añadimos dos más: Le corps de ma mère de la escritora y periodista Fawzia Zouari y L’Amas ardent del joven escritor Yamen Manai. Ambos libros fueron galardonados con el “Premio de los cinco continentes de la Francofonía” en 2016 la primera y en 2017 el segundo.
A pesar de los nuevos nombres, la literatura tunecina es un desierto sin traducir, ya sea a castellano, gallego, catalán o euskera. De Mohamed Al Aroussi Al Matuie localizamos, en su día, Las moras amargas(Agencia española de cooperación internacional, 1996), ya imposible de encontrar. Y, comprobamos, que en 2006 se publicó Arenas funámbulas, una antología poética de Amina Saïd, por la editorial venezolana El Perro y la Rana.
Librería Al Kitab por la noche. Fotografía: SFQ. Túnez, 2019
El 21 de octubre de 1969 fue un día triste para la literatura. A las cinco de la mañana moría en un hospital de la localidad de San Petersburgo, Florida, a los 47 años, el escritor Jack Kerouac, víctima de una cirrosis hepática provocada por los excesos del alcohol.
En cierto momento de la vida de una persona, la mirada de Jack Kerouac se vuelve vergonzosa. Fotografía de Fred DeWitt / Centro de Historia Regional del Condado de Orange
Con él desaparecía el máximo representante de la llamada Generación beat, un grupo de escritores y poetas que en los años cincuenta trataron de subvertir la literatura norteamericana desde nuevos presupuestos culturales y sociales.
Se apagaba la luz de una generación que había influido en el movimiento hippie y en la música popular de los años sesenta y su desaparición coincidía con el fin de una época: ese mismo año los Beatles grababan “Abbey Road”, su último disco antes de la separación.
Para la literatura
Hijo del impresor Léo Kéroak, del que heredó su apellido (deformado), nacido en la localidad de Lowell, Massachusets, de un matrimonio americano-canadiense, Kerouac trabajó de joven en la marina mercante. Esta experiencia le sirvió para escribir su primer libro, “El mar es mi hermano”, que no se publicó hasta 2011, 42 años después de su muerte.
Accedió a casarse con Eddie Parker, su primera esposa (tuvo tres), a cambio de que su padre pagara una fianza para sacarlo de la cárcel por su implicación en un turbio asesinato, un caso sobre el que escribió la novela “Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques”, que tampoco vio publicada en vida.
Sí pudo ver editada en 1950 “El campo y la ciudad”, escrita en Nueva York mientras vivía con sus padres en una casa del barrio de Queens. Desde entonces escribió incesantemente aunque durante años ninguno de sus siguientes manuscritos fue aceptado por las editoriales a las que los envió.
En la carretera
La novela que le proporcionó fama y dinero fue “On the road” (En el camino), que terminó en 1951, aunque los editores la rechazaron durante seis años. Se publicó el 5 de septiembre de 1957, después de censurar numerosos pasajes de drogas y sexo explícito.
Kerouac trabajaba entonces como bombero forestal en Desolation Peak, Washington. “En el camino” es un relato autobiográfico de su viaje en auto-stop de costa a costa de los Estados Unidos, con algunas incursiones en México, en los años finales de la década de los años cuarenta, y de sus primeras relaciones con los miembros de la Generación beat, sobre todo con Allen Ginsberg y William Borroughs.
Jack Kerouac con Allen Ginsberg y William Borroughs
Jack Kerouac escribió “En el camino” en un rollo de papel de 36 metros, de los que se utilizaban para teletipos en las redacciones de los periódicos. Además de ser cómodo para trasladar el material, que llevaba en su mochila, este método evitaba que se traspapelaran las cuartillas o se alterase su orden original durante los viajes, las estancias en albergues de mala muerte, los riesgos de todo tipo a los que tuvo que hacer frente durante su larga peripecia.
Hoy el rollo es ya material de museo (en la última subasta se pagaron más de tres millones de dólares por él) y se puede ver con frecuencia en exposiciones sobre la época. La versión original del rollo nunca llegó a publicarse en su totalidad y además, algunos de sus protagonistas reales figuraron siempre con nombres ficticios o con seudónimos hasta que en 2009 se publicó “En la carretera. El rollo mecanografiado original”.
Sal Paradise, el personaje central de la novela en todas las ediciones anteriores figura aquí como quien es: el propio Jack Kerouac. Allen Ginsberg, Neal Cassady, William Burroughs… recuperan también sus verdaderos nombres: el texto se transforma así en un documento autobiográfico del autor y también en una crónica sobre la Generación beat.
“En el camino” aparece en el instante preciso en el que los jóvenes nacidos durante la Segunda Guerra Mundial se enfrentaban a un nuevo futuro a través de los cambios que venían manifestándose en la sociedad americana: el consumismo, los avances tecnológicos, la aparición de la televisión, los nuevos productos culturales (libros de bolsillo, discos), la liberación de las costumbres, el desmoronamiento de las barreras sociales y raciales y otros fenómenos ligados a la aparición de una nueva generación de jóvenes que quería romper con las costumbres de sus padres.
En música el rock and roll había irrumpido con fuerza con Elvis Presley, Chuck Berry y Little Richard, que sembraron el germen musical de aquella revolución. En el cine daban sus primeros frutos las estrellas del Actor’s Studio, la escuela de actores que fundaran Elia Kazan y Lee Strasberg para aplicar el método Stanislavski: Marlon Brando, James Dean, Paul Newman, Marilyn Monroe, Montgomery Clift… Cine y rock and roll se mezclaban en títulos como “Semilla de maldad” de Richard Brooks, que incluía en su banda sonora “Rock around the clock” de Bill Haley, una canción que había puesto patas arriba el panorama musical de aquellos años.
Literatura, poesía, cine y música
Jack Kerouac siguió escribiendo y publicando novelas en la misma línea literaria de “En el camino” con éxito irregular. Sus incursiones en el cristianismo y el budismo zen influyeron en algunas de ellas, como “Los vagabundos del Dharma”. Su decepción con estas creencias fue una de las causas que lo empujaron al alcoholismo.
Tardó en conseguir otro éxito literario, que no le llegó hasta 1967 con “Ángeles de desolación”, un regreso al universo de “En el camino”. Peor acogida tuvieron “Los subterráneos”, “Tristessa” y “La vanidad de Duluoz”, aunque desde su muerte se reeditan con frecuencia y alcanzan cifras de venta aceptables, junto a los inéditos en vida.
Kerouac escribió también varios libros de poesía (el mejor de ellos “México City Blues”) y en cine hizo en 1959 con el fotógrafo Robert Frank y sus compañeros de la Beat generation la película “Pull My Dasy”. En música colaboró con Steven Allen y Zoot Sims en grabaciones en las que se mezclan canciones con recitados poéticos.
La beat generation, el otro sueño americano
En la segunda mitad de los años cuarenta del siglo Veinte un grupo de escritores y artistas norteamericanos formaron la Beat generation, un movimiento cultural al margen de la oficialidad bendecida por el mercado y los medios de masas. Sus señas de identidad fueron el nomadismo y la bohemia como forma de vida, la música de jazz y el arte de vanguardia como inspiración creativa, las drogas alucinógenas y el alcohol como paraísos artificiales y el pluralismo sexual como expresión hedonista.
El núcleo del movimiento estaba formado por el propio Jack Kerouac (1922-1969), el poeta Allen Ginsberg (1926-1997), el escritor William Burroughs (1914-1997) y el agitador cultural Neal Cassady (1926-1968). Los últimos en unirse al grupo fueron los poetas Gregory Corso y Lawrence Ferlinghetti, quienes aportaron lo mejor de su obra a la generación.
Posteriormente se fueron integrando nuevos nombres más o menos identificados con la filosofía beat, y otros que buscaban únicamente la popularidad oportunista cuando el movimiento ya se había convertido en un fenómeno contracultural y antisistema.
El nombre de Beat generation se lo puso el escritor John Clellon Holmes en su artículo “This is the Beat Generation”, publicado en el New York Times el 16 de noviembre de 1952.
Los orígenes de la Beat generation estuvieron fuertemente condicionados por un extraño crimen. En agosto de 1944, Lucien Carr, inspirador de la estética beat y aglutinante del grupo, según Ginsberg (con quien compartía piso), asesinó a un monitor de boy scouts homosexual del que estaba enamorado, un adolescente que ejercía una extraña fascinación sobre todos los miembros del grupo. Este episodio atormentó durante muchos años a todos los componentes de la generación. Kerouac, acusado de encubridor, lo menciona en obras como “La ciudad y el campo” y “La vanidad de los Dulouz” y lo recrea en la citada “Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques”.
Años después, un accidente absurdo vino a empañar aún más la trayectoria del grupo. En 1951 William Burroughs mató a su mujer de un disparo, cuando imitaba a Guillermo Tell tratando de acertarle a un vaso que había colocado sobre su cabeza.
Estos episodios constituyeron un material impagable para quienes desde el stablisment trataron siempre de descalificar no sólo la forma de vida sino también la obra de la Beat generation y transformarla en de-generation. El término beatnik, que se popularizó para calificarlos, procede de una fusión de beat y sputnik (el satélite soviético lanzado al espacio a finales de los 50), que pretendía identificar a la Beat generation con el comunismo, en plena guerra fría, y sugerir que estaban fuera de este mundo.
Herb Caen, un columnista del Chronicle de San Francisco, lo utilizó por primera vez con este sentido y la ocurrencia prosperó. Pese a todo, en la distancia desde la que hoy se contempla la obra de estos creadores, son indiscutibles los valores de la poesía de Ginsberg (su poema “Aullido” es el grito desgarrado de denuncia y desesperación de los oprimidos y explotados de la sociedad de consumo), las nuevas perspectivas que abrió la obra de Kerouac a la literatura americana del siglo XX, los niveles de osadía de la prosa de Borroughs (“El almuerzo desnudo”), nunca antes alcanzados por autor americano alguno, y la sensibilidad de los poemas de Corso y Ferlinghetti, comparables a la de la poesía americana más sutil.
De los beatniks a los hippies
El movimiento beat, que no había conseguido traspasar las fronteras de los Estados Unidos (en Europa por los mismos años triunfaban entre los jóvenes el existencialismo de Sartre y el pensamiento de Camus), se extinguió por sí mismo a finales de los cincuenta, fruto de la decadencia física de sus propios miembros y de la campaña desatada contra ellos.
Vino a rescatarlo en los años sesenta el movimiento hippie, que adoptó gran parte de su filosofía y de sus valores y difundió su imagen y su obra por todo el mundo. Michael Fellon utilizó por primera vez el término hippie en septiembre de 1965 aludiendo a la radicalización de los hispter, una palabra que se utilizaba entonces como sinónimo de beat.
El flower power, el movimiento que convirtió la filosofía hippie en un nuevo valor contracultural, del que Ginsberg se transformó en uno de sus valedores más preciados, trasladó a sus representantes, que entonces eran sobre todo sus músicos, la estética y el comportamiento de los beats y eso los transformó en iconos de toda una generación juvenil.
Si la literatura y la poesía habían sido los medios expresivos prioritarios de la Generación beat, el movimiento hippie encontró en la música y en las letras del rock y el folk el mejor cauce para comunicar su mensaje. Jimi Hendrix, Janis Joplin, Scott McKenzye, Jefferson Airplane, Grateful Dead, la Velvet Underground, The Mamas and the Papas, algunos temas de The Beatles… incluían en sus letras la ideología de una generación crítica con los valores de sus padres, antirracista, opuesta a la guerra de Vietnam y contraria a la sociedad de consumo.
Finalmente sería esta misma sociedad la que acabó con su sueño, convirtiendo sus reivindicaciones en mercancías y sembrando de canciones de amor y paz las listas de ventas de todo el mundo.
Una lista de algunas escritoras negras que deberías leer (3)I
Muchos de nuestras escritoras son grandes editoras de libros, periódicos y ensayos. Veronica Chambers, nuestra autora anterior, fue editora en Newsweek, Glamour y The New Times Magazine, fue la primera mujer negra con ese título. Yvonne Vera (1964-2005), también editó varias antologías de escritoras africanas.
Nació en Bulawayo, Zimbabwe (África), estudió e impartió literatura inglesa en la escuela secundaria Njube. Años después, emigró a Canadá, donde completó sus estudios superiores y trabajó.
Yvonne Vera
Mientras estudiaba publicó en la revista Toronto su primera colección de cuentos,Why Don´t you Carve other Animals (1992). Un año después se imprimió su novela Nehanda, seguida de Sin nombre, Without a Name, Under the Tongue, Butterfly Burning, y The Stone Virgins. Su escritura incursiona en temas como el colonialismo, sexismo, racismo, guerra o la opresión.
Muchas de sus obras fueron preseleccionadas y ganaron premios como el de la Commonwealth para África, el Premio Literario de Alemania, el Premio del Escritor Macmillan para África, el Pen Tucholsky de Suecia y otros.
Vera era la directora de la National Gallery , una posición similar a la que Victoria Santa Cruz (1922-2014) tuvo en la Escuela Nacional de Folklore de Perú.
Esta poeta, coreógrafa, compositora y activista afroperuana tuvo 10 hermanos a quienes sus padres les enseñaron la cultura afroperuana. Polifacética, fue pintora, bailarina, escritora y dramaturga. Junto con su hermano menor, fundaron Cumanana, el primer teatro negro.
A una edad temprana, Victoria sufrió la mano del racismo. Esto le dio el coraje, la valentía y la creatividad para escribir su poema emblemático «Me gritaron Negra».
Recibió premios y honores de los gobiernos peruano y francés. Sus obras habían sido expuestas en museos y festivales en varios países. Su momento álgido fue en 1968, cuando su grupo Teatro y Danzas Negras del Perú actuó en los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México. Sus piezas de arte se recogen en CD o plataformas web.
Santa Cruz utilizó letras y música como instrumentos para mostrar sus poemas. Igualmente, Elcina Valencia Córdoba (1963), utilizó estas mismas técnicas años más tarde en sus obras.
Es escritora y música de Buenaventura, Colombia. Aprendió su interés artístico de su madre, que era música. A los 17 años, escribió su primer poema para uno de sus maestros de secundaria.
Elcina Valencia Córdoba
Durante su carrera participó en varios eventos locales, nacionales e internacionales. En 1991, el Museo Roldanillo Rayo organizó un evento par para presentar su poesía. Esto causó una gran impresión en los directores del museo, por lo que decidieron publicar su primer libro titulado Todos somos culpables. Otras obras suya son Rutas de autonomía y caminos de identidad, Susurros de palmeras, Analogías y anhelos y Pentagrama de pasión.
Había recibido el premio Almanegra equivalente al Almamadre, otorgado a los escritores más prestigiosos y el Premio Nacional de Poesía Erótica. Recientemente fue incluida entre las mujeres más destacadas del Valle del Cauca.
Córdoba forma parte del comité de Buenaventura para preservar el folklore del Pacífico Sur. El mismo papel que desempeñó Zora Neale Hurston (1891-1960) para el folklore de EE. UU.
Nació en Eatonville, Florida (EE. UU.). Fue la quinta de ocho hijos de un matrimonio de un carpintero-predicador y una maestro de escuela. Asistió a la escuela a una edad tardía (13); sin embargo, obtuvo una licenciatura en antropología.
Fue una gran novelista, dramaturga e investigadora y una de las figuras del llamado Renacimiento de Harlem. De 1921 a 1935 publicó en revistas varias historias y ensayos, por ejemplo, John Redding Goes to Sea, Spunk, Muttsy, The Fire and the Cloud, The Great Day etc.
Zora Neale Hurston
En 1934, publicó su primera novela John’s Gourd Vine, que fue reconocida por los críticos. Los siguientes fueron Mules and Men, Their Eyes were Watching God, su obra maestra, Tell My Horse, Moses, Man on the Mountain,Dusk Tracks on the Road y Seraph on the Suwanee.
Hurston ganó varios premios literarios y de alumnos durante su carrera. En 1956, recibió un premio por Educación y Relaciones Humanas en Bethune-Cookman College.
Durante su carrera, Hurston viajó a varios países para recopilar la historia de las comunidades negras. Angela Nzambi (1971), nacida en Lia, un distrito de Bata, Guinea Ecuatorial (África), también recopiló la historia oral de su comunidad para usarla en sus libros.
Angela Nzambi
Esta escritora, feminista y luchadora por los derechos humanos que reside en Valencia, España, es activista activa de la comunidad negra y los migrantes.
El trabajo literario de Nzambi incluye a Nguisi, basado en una tradición oral de su pueblo e historias de su vida personal. Biyaare (Estrellas) describe diferentes personajes que se habían mostrado como estrellas. Su tercer libro Mayimbo ganó el Premio Internacional Justo Bolekia Boleká de Literatura Africana.
También participó en la producción en los libros colectivos de relatos Navidad dulce, Navidad y 23 Relatos sin Fronteras.
Muchos de las escritoras mencionadas anteriormente son consideradas feministas, como es el caso de nuestra última autora reconocida, que es un escritora enérgica y artista brasileña. Jenyffer Nascimento nació en 1984, en la ciudad de Paulista, Pernambuco. Es productora y apreciadora del arte. El deseo de escribir le vien muy joven. Es en la adolescencia que comienza a escribir con letras de Rap, la forma en que encontró para canalizar sus revueltas, angustias y esperanzas.
Nascimento describe en sus poemas temas sociales, su relación con la tierra o la ciudad, el orgullo de ser mujer negra, sobre el amor, experiencias de mujeres negras, entre otros temas.
Jenyffer Nascimento
Su libro Terra Fértil es una colección de poemas que muestra las experiencias de las mujeres negras de las afueras de São Paulo. Sus poemas también se han publicado en Pretextos de Mulheres Negras, que recopila el trabajo de 22 escritoras negras contemporáneas.
Su personalidad como mujer sensible y cuestionadora impregna todo su trabajo, en el cual la experiencia con el mundo y su relación con la vivencia de las mujeres negras se convierte en poesía de lucha y afirmación, a través de un lenguaje cercano, a pesar de tratar temas relevantes de la sociedad contemporánea.
FIN
Shirlene Green Newball
Soy periodista independiente, documentalista, activista, amante del cine y la naturaleza